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Tahití
Tahití es la puerta de entrada a la Polinesia Francesa y la mayor de las Islas Sociedad. Ubicada al sureste del Océano Pacífico, se encuentra a 4000 kilómetros de Hawaii y 6000 de Los Ángeles.
Se compone de dos cadenas de montañas volcánicas, Tahití Nui (Gran Tahiti) y Tahití Iti (Pequeña Tahití), que están unidas por el Istmo Taravao, con playas de arena negra a ambos lados.
Mientras que las costas son escarpadas y por encima de la isla se pueden ver una serie de picos montañosos, su interior es el hogar de profundos valles, altas cascadas, flores tropicales, lagunas y arroyos.
El nombre de Tahití es tan sinónimo de paraíso, que muchos visitantes se sienten engañados al bajar del avión y no encontrarse inmediatamente inmersos en una perfecta visión de postal, con lagunas azules y playas bordeadas de palmeras.
Puede que el agua de la isla no sea tan transparente como la has imaginado, pero si buceas bajo la superficie encontrarás un mundo de fantasía, con colores brillantes y fascinantes peces y corales, que hacen famosos a esta región.
Hogar de una de las más poderosas y legendarias olas del mundo, Teahupoo, Tahití es el sueño de todo surfista; pero también es uno de los pocos lugares en la Polinesia donde los principiantes pueden tomar un descanso en una apacible playa.
Fuera de los límites de la ciudad, encontrarás las exóticas playas de arena negra, montañas de terciopelo verde envuelta en sutiles capas de nubes, valles secretos con abundante follaje tropical y tranquilas aldeas en las que todos los habitantes se conocen.
Aunque toma un poco de tiempo acostumbrarse, si puedes guardar tus ideas preconcebidas de “paraíso tropical” para otra isla, lo más probable es que te encuentres cada vez más enamorado del sutil encanto de Tahití.
Para alojarnos elegimos el Intercontinental Resort Tahití, ubicado cerca del aeropuerto, en Faaa. No solo ofrece un entorno paradisíaco de playas y palmeras, sino que su personal es muy atento y la comida es deliciosa.
Lo mejor de Tahití es que ofrece un sinfín de actividades, desde un safari por los paisajes interiores en un vehículo 4x4 o en helicóptero, hasta excursiones y visitas guiadas a puntos históricos y arqueológicos de interés.
Entre ellos se encuentra el Punto de Venus, donde el Capitán Cook formuló sus observaciones finales acerca de ese misterioso planeta, y Marae Arahuruhu, con sus templos en ruinas, Tikis y petroglifos.
También puedes hacer el popular "tour alrededor de la isla" en bicicleta o en automóvil, recorriendo los 112 kilómetros de carretera que la rodean.
Esta carretera pasa por aldeas, templos antiguos, bosques, plantaciones, jardines botánicos, acantilados, hermosas playas, cascadas y las escarpadas montañas de Arahoho.
Con sus lagunas de color turquesa y arrecifes de coral, Tahití es también un gran lugar para los deportes acuáticos como nadar, bucear, practicar snorkel, surf, vela, canoa, kayak y la pesca en aguas profundas.
La capital, Papeete, es un caótico torbellino de color y sonidos, lleno de exóticos aromas, de auténtico sabor francés, tiendas de perlas, paseos marítimos, restaurantes, cafés al aire libre, congestionados mercados y vibrante vida nocturna.
Puedes echar un vistazo a la vida polinesia en el mercado central de Papeete, donde encontrarás una increíble variedad de alimentos locales, prendas de vestir y artesanías, junto con nativos haciendo leis de flores y cubos llenos de peces brillantes.
La encantadora costa de Papeete es el lugar ideal para sentarse y ver el mundo pasar, sobre todo en las noches, cuando los puestos móviles de comida ofrecen una amplia variedad de delicias étnicas.
Además, descubrirás que este es uno de los pocos lugares en la Polinesia Francesa que sigue siendo animado por clubes nocturnos y discotecas hasta bien entrada la noche.
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